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martes, agosto 09, 2011

RAFAEL DI ZEO VUELVE POR TODO



No hay nada más difícil que conseguir los datos comunes, normales, vitales, de un barrabrava. El Rafa presumiblemente nació en enero de 1979, tiene un hermano mayor de nombre Fernando, y posiblemente el barrio de sus primeras correrías sea también Villa Lugano. Por lo menos allí, en la calle Araujo 2781, fue dado como domicilio legal de la Fundación Jugador Nº 12, El Abuelo Barritta todavía en vida y él figurando en el puesto clave de tesorero.


Bordea lo maravilloso el nivel de discurso. No saben nada ni dicen nada. Todo lo que lanza el interlocutor es negativo. Está casado con la que era secretaria del entonces gobernador bonaerense, el ingeniero Felipe Solá, llegó a ufanarse de tener los teléfonos del poder, se casó en un country de la zona norte y veranea en Pinamar, también una de las playas del poder. Sobre todo del poder duhaldista, menemista y peronista en general.


Acaba de haber pasado casi cuatro años en chirona por haber fajado casi a destajo a parte de la barra de Chacarita durante un partido de entrenamiento, en horas de la mañana. Llegaron los de San Martín, alguien del club los fue a buscar y llegaron lo que había que tener. Había cámaras de tevé y en la actualidad, la sociedad del espectáculo pudre todo. Le dieron para que tuviera y lo sacaron de circulación.


Siempre practicó box sistemáticamente en un gimnasio, dice que su medio de vida es ser empleado de un estudio jurídico y es el heredero de lo que parecía que iba a ser leyenda y se quedó en el olvido: José Barritta, (a) El Abuelo, un oriundo de Calabria que fue traído de pequeño a La Matanza y en 1981, con un golpe de estado ortodoxo, desplazó de la cúpula zeneize a un mito como Quique El Carnicero, a raíz de un problema de vueltos con la venta de las entradas de favor. El fin de su reinado comenzó en marzo de 1993, con La Batalla de Desaguadero, un hecho emblemático que es invisibilizado por todos. Las 62 Organizaciones lo protegieron hasta con el abogado de Monzer Al Kazar, departamento en el centro mendocino, un par de rubias para las noches de soledad, pero la tropa le hizo la cruz y un año después, cuando se aprestaba a ir triunfal al Mundial 94 de EE.UU., lo tiraron abajo del tren cargándole parte del doble homicidio de dos jovencitos gallinas después de un superclásico. Con el imperialismo no se jode. El entonces embajador James Cheek fue al polideportivo de Olivos y dejó la inquietud de la Casa Blanca: tenencia de armas de guerra y relaciones con el narcotráfico. No veían grata su presencia en territorio estadounidense.



El Abuelo fue lona a principios del 2001. Los rezagos de la neumonía que se había traído de recuerdo de la cárcel lo tumbó y su sepelio y entierro tuvieron menos convocatoria que una junta vecinal. Los Di Zeo ocuparon el meneado cetro vacante hasta lo de Chacarita, que fue cuando los teléfonos del poder le soltaron la mano y también terminó en chirona. Ahora vuelve con un paisaje diferente, en un país convulsionado y fragmentado. Dice que quiere ser presidente de Boca. Con tal que no se le dé por cantar y bailar como un ascendente ex presidente de la institución. Por lo pronto, ayer tuvo más de media hora de tevé en vivo para explayarse a gusto. Por lo pronto, puso distancias con la monigotada de Hinchadas Unidas Argentinas, nacidas del riñón del kirchnerismo para el tour por Sudáfrica 2010, pero si quiere seguir usando la escalera da toda la sensación que alguna escala técnica en Quilmes va a tener que hacer.