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martes, agosto 17, 2010

SE QUEMA, SE QUEMA, SE QUEMA Y SE QUEMO

Arthur Charles Clarke nació en Inglaterra a fines de 1917 y falleció en Sri Lank a principios del 2008. Es uno de los clásicos de los fanas de la ciencia ficción. Son muy conocidas Las leyes de Clarke. Sobre todo la tercera: "Toda la tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible con la magia." Tuvo un intento muy efímero con un matrimonio a la antigua, es decir, con una mujer, y sobre todo muy joven, de apenas 22 años. Pero le duró seis meses. Después se fue a vivir con un hombre, hasta el fallecimiento de éste, en 1977. Los periodistas compatriotas se llegaron a olvidar de la flema que los distingue y varias veces le preguntaron directamente si era gay, que en esa lengua quiere también significar jodón, divertido, además de. El no se inmutaba: "No", contestaba inevitable. "Sólo un poco animado."

Supo tener un escándalo por la acusación de pedofilia, pero todo quedó en la nada. Fue una acusación al pedófilo. Cultor clásico del particular género, sin embargo, en 1958, cuando los checos le obsequiaban a los argentinos el primer 6 a 1 en Suecia, Sir Arthur tuvo otra patinada, pero no sexual. Y tampoco literaria, aunque se hiciera pública bajo este formato. Se le dio por escribir Un ligero caso de insolación, un cuento sin aparente asidero terrenal que sucede en Sudamérica, con un dictador estereotipado, rico y excéntrico, bananero sin bananas, cuando se juegan la guerra con sus vecinos en una final de fútbol. Cualquiera diría que los países son Perú y Bolivia. El tipejo, no olvidemos que un flemático inglés acunado en lo mejor del fair play, no tiene mejor idea para ganar que literalmente fulminar al juez del encuentro, un soplapitos muy poco confiable. Lo hace aplicando sus conocimientos científicos y también miles de grados de energía solar concentrada. Los críticos literarios, como siempre, más aburridos que estirar goma, encontraron que el jodón de Sir Arthur se salía de la ortodoxia del género, aunque no dejaban de reconocerle el ingenio. Lo que sucede con la época en que vivimos, Internet y otros exterminios mediante, lo de Sir Arthur puede quedar más a mano que una simple joda. Los que se quieran sacar la duda, por ejemplo, le pueden dar clic al subarayado y acceder a una versión del cuentito en versión PDF online.